LA IGLESIA PROCLAMA QUE EL CIELO ES PARA LOS JUSTOS Y
EL INFIERNO PARA LOS IMPIOS
Por Reuel Lemmons
Un Dios eterno ha provisto una eterna recompensa para el alma eterna
del hombre. La muerte no es el fin de todo. Apenas ha caído la tierra
sobre nosotros cuando seremos conducidos a un eterno día. Habrá una
resurrección de todos los muertos, buenos y malos. El olvido no es el
destino eterno después de habernos graduado en la escuela de la vida.
En 1 Corintios, capítulo 15, Pablo explica en detalle la naturaleza
de la resurrección. Su conclusión es, "Así como en Adán todos morimos,
en Cristo todos viviremos." Cuando llegue la resurrección, los justos,
siguiendo nubes de gloria, subirán a los brazos extendidos del que fue
al Calvario para que ellos llegaran al cielo. Los impíos, sin poder
dormir, tendrán que levantarse a enfrentarse a un Dios que han desdeñado
y a un Jesús a quien han dado la espalda.
La Biblia es llana y específica en el asunto del Juicio. Porque habrá
un juicio. No habrá quien pueda quedarse dormido ni estar ausente. Todos
hemos de comparecer ante Dios en el Juicio. Muchos pasajes de la
Escritura hacen referencia al hecho de que los muertos, tanto los
grandes como los pequeños, los ricos y los pobres, los buenos y los
malos, se enfrentarán a Dios en el juicio. Podemos apartarnos de la
iglesia si queremos. Podemos vivir en maldad como Satán toda nuestra
vida si queremos. Pero hay una cita a la que no vamos a poder faltar:
nos enfrentaremos a Dios en el Juicio. (Juan 5:28-29).
En Mateo 25, Jesús nos da alguna información específica sobre lo que
habrá de acontecer cuando llegue el día del Juicio. El dice, "Cuando el
Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él,
entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de
él todas las naciones, y separará a los unos de los otros, como separa
el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha,
y los cabritos a su izquierda" (25:31-33). Vemos el mismo cuadro en la
letra de este vigoroso himno:
"El gran día viene, muy pronto viene,
el gran día del juicio final,
cuando justos y malos el gran juez apartará,
esperemos... el juicio final.
¿Estás listo? ¿Estás listo?
La trompeta ya da la señal;
¿Estás listo ... esperando ... el juicio final?
Esa pregunta debiera ser considerada seriamente por todos los que
lean estas líneas. La misma Biblia que nos habla acerca del cielo
también nos habla del infierno. No hay forma de sacar a uno de la Biblia
y dejar el otro.
Y no existe ninguna tercera opción. Todos los que no lleguen al cielo
pasarán al infierno. No hay otro lugar a donde ir. El juicio de Dios es
final y no hay ningún otro alto tribunal al que podamos apelar si el
veredicto no nos es favorable.
Este juicio es totalmente final. No hay una segunda oportunidad. No
hay purgatorio por el que se pueda rogar para que salgamos. No hay
posibilidad de que alguien se haga bautizar por nosotros después que
hayamos muerto para ayudarnos a escapar del abismo. La recompensa que
recibamos en el juicio, ésa es la que tendremos, y durará eternamente.
Esa es más que razón para que contestemos al llamamiento y hagamos una
elección segura mientras tengamos oportunidad de hacerlo (2 Pedro
1:10-11).
El libro completo de Apocalipsis, desde varios puntos de vista, nos
presenta el hecho cardinal de que los perdidos serán castigados mientras
que los redimidos serán ricamente recompensados en gloria. El infierno
fue diseñado como domicilio de los perdidos para siempre, y el cielo es
el hogar de los justos para siempre.
No nos agrada pensar en el infierno. Ninguno de nosotros quisiera
estar allí. Si tuviéramos la oportunidad de probar la realidad del
infierno durante cinco minutos, todos nosotros, teniendo la oportunidad,
desearíamos obedecer al evangelio. En las Escrituras se describe el
infierno a menudo -- y siempre como un lugar horrible donde el gusano no
muere y el fuego nunca se apaga (Marcos 9:48). Así lo expresó Jesús en
Mateo 25: "Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí,
malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles" (verso
41).
Sería algo horrible verse privado de la presencia de Dios para
siempre. Aquí en esta vida seguramente no nos gustaría vernos apartados
en un lugar donde nunca se sienta el poder y la providencia de Dios. Y
sería mucho peor tener que pasar la eternidad en un lugar donde nunca
hay luz, y se desconocen la gracia, el amor y la misericordia.
Si hubiéramos nacido totalmente depravados e incapaces de ser
salvados, podríamos culpar a Dios; pero no lo hemos sido. Somos libres y
capaces de escoger entre ser salvos o no. Dios ha hecho todo lo que está
de Su parte. Jesús hizo todo lo que estuvo de su parte. El balón está en
la cancha y la siguiente movida es la nuestra. Si nos perdemos será
nuestra culpa y de nadie más.
Es mucho más deseable ser salvo eternamente y vivir en el cielo
después del juicio. Y podemos, ¿sabe usted?
Con las limitaciones de nuestro lenguaje humano, es del todo
imposible describir adecuadamente las glorias y las alegrías de ese
mundo celestial. Cosas que el ojo no vió, ni el oído oyó, ni han subido
al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le
aman (1 Cor. 2:9). Todo lo que podemos decir es que Dios enjugará toda
lágrima de nuestros ojos para siempre. No habrá más penas ni enfermedad,
y el ángel dice que ya no habrá muerte; porque las primeras cosas
pasaron (Apoc. 21:4).
Ni las palabras de los oradores ni las plumas de los poetas podrán en
justicia describir al cielo. Sólo Dios puede preparar tal lugar, porque
sólo Dios es infinito y omnipotente. Y sólo Dios es amor.
Querido lector, ha leído usted atentamente este pequeño libro, y ha
considerado su alma seriamente. Está convencido de su estado actual: o
es salvo o está perdido. Tiene la esperanza del cielo, o no la tiene.
Con todo nuestro poder de persuasión, le instamos a que no se arriesgue
a pasar otro día sin Cristo. La vida es frágil, con demasiado peligro e
incertidumbre para dejar su alma sin asegurar. Hoy es el día de
salvación; sea salvo mientras tiene la oportunidad.
PREGUNTAS
Examine la enseñanza en Primera de Corintios 15 acerca de la
resurrección.
Hay quienes enseñan que hay dos resurrecciones separadas. Discuta
esto según Juan 5:28-29.
¿Qué significa el purgatorio? ¿Qué dice la Biblia acerca de este tema?
¿Cuáles son las figuras usadas para describir al infierno?
Discuta el cuadro que describe al cielo en Apocalipsis 21 y 22.
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