LAS IGLESIAS DE CRISTO RECHAZAN LAS FORMAS VANAS DE
RITUALISMO
Por Bill Nicks
Los hombres siempre han tenido la tendencia hacia el ritualismo en
su alabanza, ya sea que adoren al Dios verdadero o a dioses falsos. El
ritualismo tiene que ver con ceremonias y formalismos: "En sentido
despectivo, devoción excesiva a formas ritualísticas prescritas en la
adoración"-- Webster. Es la ordenanza de ciertos "ritos" tales como la
Liturgia, "los ritos y servicios públicos de la iglesia cristiana,
específicamente el rito eucarístico, llamado Liturgia en el Oriente, y
la misa en la Iglesia Occidental." Estos describen el deterioro de la
verdadera adoración hacia ritos diseñados por hombres que no fueron
inspirados, siendo una caricatura de la verdadera adoración prescrita
por Cristo.
La diferencia entre la adoración verdadera y la falsa se describe
en la Biblia claramente. Jesús dijo, "Dios es espíritu, y los que le
adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24).
El ritualismo es lo contrario a la adoración en espíritu y en verdad.
La Cena del Señor fue diseñada como recordatorio de la muerte de
Cristo en la cruz. Su cuerpo que fue entregado y su sangre que fue
derramada se muestran al partir el pan y tomar del fruto de la vid en
el primer día de la semana. Esos emblemas representan su cuerpo y su
sangre. Jesús dijo, "Todas las veces que lo hiciéreis, hacedlo en
memoria de mí" (1 Cor. 11:25).
Hay una gran diferencia entre un emblema que el Señor ha fijado con
el propósito de imprimir alguna verdad en los adoradores, y un ritual
vano que los hombres han añadido. Aún la adoración en el Antiguo
Testamento tenía sus prácticas emblemáticas, pero con significado. Por
ejemplo, tenían la instrucción para el Sumo Sacerdote con sus
vestiduras santas, de que primero lavara su cuerpo, como
representación del lavamiento del pecado, y entonces "matará la oveja
expiatoria por el pecado del pueblo, y traerá su sangre detrás del
velo... y la rociará sobre el propiciatorio," Después de esto debía
hacer expiación por el lugar santo y por el tabernáculo de reunión.
Esta era expiación de sangre por los pecados propios y por los de "toda
la casa de Israel" (Levíticos 16:4-19). Luego debía "poner ambas manos
sobre la cabeza de un macho cabrío y confesar sobre él todas las
iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus
pecados; ... y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado
para esto; y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades
de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir al macho cabrío por el
desierto" (Levíticos 16:20-22). ¿Era ritualismo esto? No, porque el
Señor quería imprimir sobre Israel la atrocidad de su pecado y
tipificar el plan de Jesús de venir al mundo eventualmente a derramar
su sangre de una vez por todas, en contraste con el derramamiento cada
año de la sangre de bueyes y machos cabríos (Hebreos (10:14). Aún la
imposición de manos del Sumo Sacerdote tenía su importancia:
"La imposición de manos no es un acto de bendecir, pero se creía
que era la transferencia real del pecado al chivo expiatorio. Enviar
fuera al chivo significaba sacar al pecado mismo ... Paralelo a esto,
aunque más raro, es la imposición de manos como un acto de bendición (Génesis
48:18; Isaías 44:3). Sin duda alguna está muy relacionado con la
imposición de manos en el acto de instalación de una persona en un
puesto (Números 27:12ff). Por tanto, la imposición de manos significa,
si se comparan dos hechos tan distintos como la eliminación del pecado
y la bendición, que transfiere su bendición especial o sus cargas al
chivo expiatorio con la carga que él mismo había llevado."
Todos los profetas del Antiguo Testamento condenaban las vanas
formalidades, pero ninguno llegó al fondo del asunto con mayor
claridad y convicción que Miqueas:
"¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?
¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerro de un año? ¿Se
agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de
aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas
por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es
bueno, y ¿qué pide Jehová de tí, sino solamente hacer justicia, y amar
misericordia, y humillarte ante tu Dios?" (Miqueas 6:6-8).
No es cierto que el sistema sacrificial, designado por el Señor con
un propósito, fuera abandonado por los profetas, sino que continuó
hasta que fue cumplido por Cristo, y aún Cristo murió poco después de
haber celebrado la Pascua. La condenación que otorgaron los profetas
no fue por ofrecer sacrificios y guardar las fiestas, sino por el
fracaso de Israel en aparejar sus ofrendas con una vida piadosa y
actitud espiritual sincera. No hay duda de que muchos de ellos
pensaban que habría algo mágico en la forma mecánica de las ceremonias
ejecutadas para cambiar por pureza la impiedad de sus vidas. "Porque
misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos" (Oseas 6:6).
EL NUEVO TESTAMENTO
Lo mismo puede decirse de la adoración prescrita bajo el Nuevo
Testamento. El problema no estriba en la institución de la adoración
requerida por el Señor, sino en que la adoración verdadera ha
degenerado en ritualismo. Cuando preguntaron sobre nuestro Señor, "¿Por
qué come vuestro Maestro con publicanos y pecadores?", él lo oyó y
dijo, "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los
enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: 'Misericordia quiero,
y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a
pecadores, al arrepentimiento'" (Mateo 9:11-13).
Hay por lo menos dos ocasiones en que actos verdaderos de adoración
ordenados por el Señor se convierten en ritual: (1) Cuando se añaden
cosas a la palabra del Señor cuya ejecución no está autorizada por el
Señor, y (2) cuando aquellos actos que han sido ordenados por el Señor
se hacen negligentemente, por ser hechos mecánicamente, sin interés ni
entusiasmo.
Lo que se añade al simple memorial de la Cena del Señor en lo que
es llamada la Eucaristía es un ejemplo de esto. Los ritos
eclesiásticos ejecutados en la "misa" exigen que Cristo sea
crucificado una y otra vez, y que a través de la doctrina de "transubstanciación",
cuando es consagrado por el sacerdote, el pan milagrosamente se
convierta en el cuerpo literal de Cristo, y de la misma forma el fruto
de la vid se convierta literalmente en la sangre de Cristo. No fue eso
lo que quería expresar el Señor cuando dijo, "Esto es mi cuerpo ...
esto es mi sangre del nuevo pacto." Esta expresión metafórica
obviamente significaba que esos emblemas representaban su cuerpo y su
sangre, y que los cristianos participaban del pan y el fruto de la vid
"en memoria" de él (Mateo 26; Marcos 14; Lucas 22). El Nuevo
Testamento habla claramente sobre el sacerdocio de todos los creyentes
(1 Pedro 2:5, 9), pero el oficio de sacerdote de hecho interfiere en
la comunión de los creyentes con el Señor a causa de los ritos
sacerdotales añadidos por los hombres. Esas son innovaciones a la
verdadera adoración neotestamentaria. La doctrina de la
transubstanciación fue añadida por el catolicismo romano en el Concejo
de Trent (1560 D.C.).
Contamos con espiritualidad e inspiración suficientes en los actos
de adoración en el Nuevo Testamento sin tener que recurrir a doctrinas
añadidas desarrolladas por los hombres a través de concejos y credos.
Las Escrituras nos proveen "totalmente para toda buena obra" (2 Tim.
3:16-17). Verdaderamente el poder de Dios "nos ha concedido todas las
cosas que pertenecen a la vida y a la piedad" (2 Pedro 1:3). Cuando
cantamos, debemos hacerlo "con el espíritu pero también con el
entendimiento," y cuando oramos, debemos hacerlo "con el espíritu pero
también con el entendimiento" (1 Cor. 14:15). Dios desea que el
adorador se acerque a El con corazón sincero, ofreciendo siempre "sacrificio
de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre" (Heb.
13:15). La Cena del Señor, las oraciones, los cánticos, la enseñanza
de la Palabra, y la ofrenda de bienes materiales han sido todos
establecidos por autoridad divina. La Cena del Señor es una comunión o
confraternidad con el cuerpo y la sangre de Cristo, y debe hacerse
cuando los santos se reunen en asamblea, en su nombre, con espíritu de
unidad (Hechos 20:7). Estos no son ritos, pero deben guardarse con
entusiasmo y significado. Si no se les da la importancia que tienen
para edificarnos en la santidad de nuestra fe, se irán deteriorando
hasta convertirse en meros rituales sin sentido. Si consagramos
nuestras vidas en santidad y devoción hacia Dios, se convierten en
instrumentos mediante los cuales nos acercamos más a El en la
adoración a través de nuestro Señor Jesucristo.
PREGUNTAS
¿Qué es el ritualismo?
¿Cuál es la diferencia entre las ceremonias de la adoración Mosaica
y el ritualismo del catolicismo y el protestantismo?
Dé dos ejemplos en los que la adoración cristiana puede convertirse
en ritualística.
Explique la diferencia en la doctrina de la Cena del Señor en el
Nuevo Testamento y la misa católica.
¿Cómo podemos evitar el ritualismo vano en nuestra adoración?