LA IGLESIA PROCLAMA A TODOS LOS HOMBRES LA COMUNION
EN CRISTO
Por Jim Massey
La iglesia de Cristo es el pueblo de Cristo, los "llamados" de otro
pueblo que no era a la imagen de Cristo. Jesús amó a la gente de todas
las razas y gustó la muerte por "todos los hombres" (Hebreos 2:9). Su
muerte fue la forma que Dios usó para restaurar la comunión entre El y
el hombre, rota a causa del pecado.
Siendo que Dios y los cristianos están en armoniosa comunión cuando
los pecados han sido perdonados en Cristo, esta comunión abre el
camino para que todas las razas y sociedades tengan unidad las unas
con las otras. Todos los colores, clases sociales y niveles económicos
se hacen "uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28). La iglesia de Cristo
demuestra Su unidad a todos los hombres.
El plan de Dios para perdonar a los hombres a través del Mesías
requería la selección de una raza especial, la judía, de la
descendencia de Abraham, para traer al Cristo a este mundo, pero ellos
no se dieron cuenta de su especial privilegio y se convirtieron en
racistas orgullosos en su vana superioridad sobre otras naciones (los
gentiles). Pero la santidad (a-la-imagen-de-Dios) no concuerda con la
auto-elevación personal o nacional, porque "Dios no hace acepción de
personas" (Hechos 10:34).
El odio de los judíos hacia los gentiles sobrepasaba los prejuicios
raciales. Pero en Efesios 2:14 se demuestra que Jesús "es nuestra paz,
que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de
separación." El verso 15 dice que él abolió en su carne la enemistad,
para crear en sí mismo de los dos (judíos y gentiles) "un solo y nuevo
hombre, haciendo la paz". El verso 16 explica cómo el judío y el
gentil fueron ambos reconciliados con Dios y el uno con el otro en un
cuerpo, la iglesia, mediante la cruz.
La iglesia de Jesucristo es, por tanto, el plan eterno de Dios por
la unión tanto divina como humana para todos los hombres. La igualdad
universal producida por la común salvación en la muerte de Jesús tiene
como resultado una comunión universal en amor y preocupación cristiana.
Los cristianos primitivos "tenían todas las cosas en común" (Hechos
4:32) y actuaban sin egoísmo por el bien los unos de los otros, como
funcionan las partes del cuerpo humano (Romanos 12:5).
El mundo actual está lleno de odio entre las razas, castas,
religiones, colores, niveles económicos, e individuos vanos. Todo ese
odio viene de nuestra separación de Dios, mientras que el amor viene
de Dios. "Aquél que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor" (1
Juan 4:8). El amor de Dios es la única fuente de comunión genuina para
curar el odio y la intolerancia en nuestro mundo.
Las buenas nuevas (el evangelio) de que Dios amó tanto al mundo
pecador que ofrendó a su hijo unigénito para que muriera por él (Juan
3:16) es la única base para la paz entre los hombres. Ninguna
legislación, ni los esfuerzos de pacificadores sociales, pueden
resolver el problema real -- el pecado del hombre y su consecuente
separación de la santidad de Dios.
Dios es santo y puro, y aborrece el pecado. Ante Moisés, Su
presencia hizo de la tierra ordinaria "terreno santo" (Exodo 3:5). Su
nombres es santo y reverente (Salmo 111:9). Los ángeles cantan: "Sólo
Tu eres santo" (Apoc. 15:4). El hombre ha de ser santo porque Dios es
santo (1 Pedro 1:16). Sin santidad el hombre no puede tener comunión
con Dios (Hebreos 12:14).
Pero el hombre es pecador por naturaleza, básicamente impío. Todo
designio de los pensamientos del corazón del hombre son de continuo
solamente al mal (Génesis 6:5). No hay hombre tan justo en la tierra,
que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20). No hay justo, ni
aún uno (Romanos 3:10). Todos han pecado y están destituídos de la
gloria de Dios (Romanos 3:23). El hombre es carnal, vendido al poder
del pecado (Rom. 7:14). En su carne no mora el bien (Rom. 7:18).
Porque la naturaleza de Dios le hace airarse ante el pecado, cada
pecado debe ser castigado por El. La pureza de Su vista le impide
mirar hacia el pecado (Habacuc 1:13). El sacrificio de los impíos es
abominación a Dios (Proverbios 15:8). Su ira se revela desde el cielo
contra toda impiedad e injusticia (Romanos 1:18). Toda transgresión y
desobediencia debe recibir justa retribución (Hebreos 2:2). Si Dios
fallara en castigar un solo pecado, sería imperfecto en su justicia.
Sería como un juez injusto, parcial y corrupto. Pero como es
perfectamente justo, Dios debe castigar toda transgresión.
Esto demuestra por qué Jesús tuvo que morir por los pecadores. La
misma naturaleza de Dios no puede soportar el pecado. Pero la misma
naturaleza del hombre le hace practicar el pecado, y porque Dios es
perfectamente justo, debe castigar el pecado del hombre, pero ni una
norma perfecta sobre el bien y el mal remediará el problema de
desobediencia del hombre. La ley lo único que hace es exponer la culpa
del hombre y su necesidad de perdón. Por la diferencia entre la
naturaleza básica de Dios y la del hombre, la única forma en que el
hombre podría ser perdonado era que Dios encontrara la forma de
castigar al pecado y perdonar al hombre pecador. La muerte de Jesús
fue la respuesta.
Cristo sufrió tomando el lugar de los pecadores. Porque Dios debía
castigar al pecado, cargó sobre él la iniquidad de los hombres. Se
sacrificó muriendo por nosotros. Llevó sobre él nuestras penas y
dolores. Le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Fue
herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El
castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros
curados. Jehová cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros, y al
ver el quebranto de su alma quedó satisfecha su necesidad de ver
castigado el pecado. (Isaías 53:4-12). Cristo sufrió por el hombre el
castigo que éste merecía por sus pecados.
La palabra "expiación" (atonement) significa "reparación/restauración"
(at-one-ment). Es el precio que se paga para restaurar la paz entre
enemigos. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para
que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Cor. 5:21).
Jesús llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero ... y por su
herida fuimos sanados (1 Pedro 2:24). Cristo padeció por los pecados,
el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18). Todos
hemos pecado y estamos destituídos de la gloria de Dios, pero por su
gracia hemos sido justificados gratuitamente mediante la redención que
es en Cristo (Romanos 3:23, 24). Esto es posible porque Dios dió a
Jesús como ofrenda por el pecado satisfaciendo así su ira contra el
pecado. Ahora Dios puede castigar el pecado y a la vez perdonar al
pecador que confía en Jesús (Romanos 3:25, 26).
Un etíope iba en su carreta leyendo sobre el profeta Isaías acerca
del Cordero de Dios que sufrió la carga de los pecados del hombre (Hechos
8:28). Comenzando con esta Escritura, Felipe el predicador le habló
sobre Jesús (verso 35). Entonces el etíope quiso bautizarse (verso
36). Pararon el carro, bajaron al agua, y el hombre fue bautizado
(verso 38). Luego salió del agua gozoso porque sus pecados habían sido
perdonados en la muerte de Jesús (verso 39).
El etíope africano había sido enseñado por Felipe, que era judío --
ya el racismo había sido eliminado por el mensaje expiatorio de Jesús.
La muerte de Jesús elimina el odio entre Dios y el hombre, y entre
unos hombres y otros. Los cristianos tienen las cosas en común en la
iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Gentes de diferentes razas y
condiciones son nuevas criaturas en Cristo, quienes entonces proclaman
el mensaje salvador de la cruz a un mundo de pecadores de todas las
razas separados de Dios y unos de los otros.
PREGUNTAS
¿Qué es lo que causa la falta de comunión entre Dios y el hombre?
¿Cuál fue el propósito de Dios para con los judíos, y cómo lo
corrompieron ellos?
¿Cuál es el cuerpo que Dios planificó para juntar a la humanidad?
¿De dónde nace el odio?
¿De dónde nace el amor?
Diga dos características de Dios que le separan del hombre.
Explique el significado de "expiación".
¿Qué leía el etíope; qué fue lo que escuchó predicar; qué hizo, y
por qué se regocijó?
¿Cómo es que Felipe, siendo judío, se asoció con un etíope?
¿Qué mensaje proclamarán con sus vidas los pecadores salvos?